«NO TE AGOBIES». Una expresión recurrente que recibí durante todo el pasado año. ¿Será que estaba agobiándome sin darme cuenta? Por alguna razón la expresión se repetía…

Mi aprendizaje -entre otros- es que el agobio tiene muchas consecuencias, mucho costo. Los costos en la salud (psicólogos-física) y también un alto impacto en lo que somos capaces de lograr, en los resultados. En gran medida, esto último ocurre como consecuencia de los sesgos que comienzan a generarse. 

Dejamos de ver con claridad, con precisión, con futuro. Nuestra mirada se acorta, se limita y pierde información valiosa. En el agobio -como producto en gran parte por la exigencia- dejamos de ver posibilidades y dejamos de ver los errores que estamos cometiendo, insistiendo una y otra vez con el mismo abanico de soluciones que creemos que deben funcionar. 

En este punto la mejor inversión es hacer una pausa (o varias pequeñas todos los días), de dormir mejor, de alimentarse mejor, de hacer ejercicio, de tener otras conversaciones, de hacer una vez más pausa… 

El esfuerzo -o la exigencia- a nivel agobiante jamás es sinónimo de resultados. 

En tiempos de covid estamos cansados. Normal. Necesitamos pausas. Normal. Evitemos agobiarnos. Realicemos más acciones inteligentes, movimientos asertivos.

EZEQUIEL PONCE
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