
Una verdad incómoda: Formaciones que ya no hacen sentido
¿Durante los talleres o formaciones las personas expresan su cansancio, saturación o bajo compromiso?
Cuando esto sucede, hemos visto que la conclusión es más o menos la misma: hay que reducir la exigencia, mejorar el bienestar, reforzar la motivación o volver a trabajar determinadas habilidades. Sin embargo, estamos comenzando a notar que en muchos casos, el problema no es únicamente que las personas están cansadas, parecería que ya no encuentran suficiente sentido, utilidad o credibilidad en las propuestas formativas que reciben.
La respuesta “estamos agotados” puede significar realmente “no puedo más”. Pero también puede contener otros mensajes:
- “No me pidas otra vez que me adapte sin cambiar las condiciones.”
- “No me propongas más resiliencia para sostener una dinámica que sigue siendo la misma.”
- “No me enseñes nuevamente a comunicarme cuando el problema no está en mis habilidades.”
- “No me invites a trabajar en equipo si no hemos revisado qué significa hoy trabajar juntos.”
- “No me ofrezcas otra actividad si no va a intervenir sobre lo que realmente está ocurriendo.”
Aquí conviene ser claros: no negamos el agotamiento real ni reinterpretarlo automáticamente como resistencia o falta de interés. El cansancio existe y puede ser profundo. Pero reducir todas las respuestas de baja participación, escepticismo o desconexión a “la gente está agotada” puede impedirnos ver una segunda cuestión: la pérdida de impacto de algunas respuestas organizacionales.



